viernes, 11 de enero de 2013

Yo, el Gótico (R)

Estimados amantes de la oscuridad:

   Una de las razones primordiales por las que la Escuela de la Penumbra nació fue por el interés y el deseo de comentar, difundir y entregar diversos aspectos de la vida en el gótico a aquellos que sienten un poco de curiosidad, anhelan recordar las viejas aristas del movimiento o simplemente estén perdidos en el bosque insondable de aristas y perspectivas que es el gótico. Dentro de estos motivos, cuyo plan inicial nace en los vapores de un café y otra clase de momentos reflexivos que compartimos con Javier, pensamos que después de exponer nuestras perspectivas y definiciones personales de lo que era el gótico, sería propicio dar a conocer un poco acerca de los individuos que manifiestan estas ideas, pues muchas veces, a través de la persona es más fácil entender cuanto esconden sus escritos.

   Soy Mauricio, un ente deprovisto de pseudónimo gótico desde el momento mismo que sentí mi atracción por la oscuridad. Poseo un amor muy fuerte por la Música, al punto que haya decidido a la edad de 20 años empezar a materializar un sueño que abrazaba desde mi más temprana infancia: tocar violín; el día de hoy y todos los días sueño con pertenecer al estrato profesional de la Música clásica, gusto con el que prácticamente nací y que muchas veces digo que tenía la vocación en mi genoma, pues he vivido muchos años con ese susurro imperceptible, ese "no-sé-qué" que te dice taciturno: tu lugar está en la Música. 
   Pero como las historias idílicas son pocas y pertenecen la mayoría a la ficción, yo no pude tomar estudios formales de violín a una edad temprana por problemas económicos, cosa que bajo el pesar de mis padres, que se sentían muy frustrados porque sí me apoyaban en mis deseos musicales, se vio traducida en que me brindaron el apoyo para seguir una carrera universitaria. Así fue como, por habilidades descubiertas en el paso de los años, llegué a estudiar Química y Farmacia, carrera que siempre definí como mi hobbie y que me catapultó a iniciar mis estudios musicales (porque pude cubrir los costos por mi cuenta gracias al dinero de mis becas y la generosidad de mis profesores que me ofrecían "cuotas solidarias" dado mi amor y esfuerzo a la hora de estudiar mi instrumento). Sorpresa producía en todos mis compañeros aquello de "estudiar una carrera por hobbie", porque durante todo el transcurso de mi carrera siempre me vieron muy relajado y displicente; sin embargo, resulté ser el mejor alumno de mi promoción, titulándome hace unos pocos meses para luego trabajar en el sitio donde quería: soy investigador de un laboratorio de ingeniería tisular y cultivos celulares, con proyecciones a doctorarse en Alemania, donde busco avanzar en mi comprensión del violín.

   Como se puede ver, esta perspectiva de vida soñadora e idealista, que gira en torno a mi amada Euterpe, es fruto de muchos años con la vista en la Literatura, la Ciencia y la Pintura, y el corazón esgrimiendo un romántico Sturm und Drang que nació alrededor de mis 14 años, junto con las reuniones de un grupo intelectual al que me invitaron y que se caracterizaba por sus gabardinas negras -que eran la máxima expresión visible de un gótico en aquel entonces- y su profundo amor hacia la penumbra y la Naturaleza, en un modo contemplativo y de profunda devoción. Una de las cosas de aquel grupo que formábamos -donde era el menor de sus miembros- era el tener por consigna la búsqueda de algo más, no quedarse con la perspectiva estrecha de una vida basada en la satisfacción de placeres, sino hallar aquello que a cada uno de nosotros le brindaba sentido y nutrir nuestro amor por la Naturaleza exterior e interior por medio de la contemplación y la búsqueda interminable de la erudición e integridad. Con todo esto basta para señalar que las "fiestas" de mi cofradía eran más un espacio de diálogo, café, libros y arte que ropa y otras tantas frivolidades. Creo que entre nosotros imperaba más el sentirse gótico y compartir nuestras perspectivas y hallazgos más que en buscar la forma más estrambótica de aparentarlo. De hecho, el tema de las gabardinas o la ropa negra no era una exigencia y su simbolismo no apuntaba al luto interno ni a las historias de terror que tanto nos gustan, sino que a algo tan simple como es el hecho de que te sientes cómodo al ir de negro y a la vez algo tan bello como el simbolismo de querer llenarte de la luz de la Naturaleza al usar, precisamente, el color que resulta de la absorción de todas las longitudes de onda del espectro visible.

   Por circunstancias diversas, donde la más apreciable fue el hecho de que los miembros más viejos -y que sostenían las ideas antes expuestas- se marcharan por motivos académicos, me retiré de este grupo a los 18 años porque me di cuenta que algo estaba cambiando, que mi grupo se empezó a llenar de muchas cosas de las que hoy se ven. Entre las máquinas, los victorianos y la música carente de un sentido más allá de "pasar el rato", me fui sintiendo un desconocido entre un mar de gente que pasó a formar un grupo de carrete en lo que era un círculo vinculado al pensamiento y a la búsqueda esencial de nosotros mismos en la oscuridad.
   Lo intenté muchas veces, escribí en diversos blogs y foros, traté de adaptarme a la música, la estética y el baile, incluso me asocié con una persona que llamé amigo y le intenté encaminar por una senda más reflexiva mientras él me señalaba las cosas del "gótico de ahora". Aquello último terminó con que esta persona acabó siendo el heraldo de la superficialidad y me usó de farol para escaparse de un altercado pasional proveniente del submundo que frecuentaba. Todo fue infructuoso: por más que me encaminaba en estas cosas, menos parte del movimiento me sentía. El gótico era como una tendencia más -basada en el cómo te vistes y el qué escuchas-, y a nadie le interesaba charlar de aquellas cosas que suelen quedar catalogadas hoy en el espectro de la "inmortalidad del cangrejo". Con gran pena y con la impotencia de sentir que quizás yo era el que se armó una idea equivocada de lo que era el gótico, decidí salir del movimiento, declararme un gótico en retiro al no sentirme parte de las aristas que hoy tomaba y no comprender tampoco el instante cronológico en el que yo pasé a ser parte de esa masa incomprendida.

  Con esto han pasado muchos años hasta hoy, el momento en que decidí "salir de la tumba" por dar un último intento en exponer esta forma de pensar. La verdad es que con tantos años de cosas superficiales, estoy más que seguro que los que buscan
algo más allá son ya una buena parte de la población, de que por mucho que las luces distraigan, la inquietud de esencial siempre existe (¿será esta suposición cierta o una nueva treta de mi ingenuidad?). Espero que aquella inquietud pueda existir entre los lectores de este blog, y que a partir de estas letras puedan saber de otro hombre oscuro que anhela compartir como en esos tiempos de café, arte y Naturaleza lo que significaba ser gótico para cada uno de nosotros.

Sinceramente,

M.R.J.-


Mi querido compañero en este interesante viaje

jueves, 10 de enero de 2013

Cogito, ergo sum

En cierta ocasión, caminando y conversando con Mauricio, llegamos a la conclusión de que las nuevas generaciones de mentes góticas se topan con muchos problemas al integrarse a esta suerte de cultura de ultratumba. Las razones más variopintas se podrían esgrimir para apoyar este punto, como por ejemplo, la sobredosis desinformativa que se encuentra en la red, los “antiguos" con más pose que cerebro y otras tantas.

Esto nos hizo pensar, ¿no hace falta una fuente de información un poco más orientada al fondo, más que a la forma? No es tan difícil encontrar sitios dedicados a la moda y el buen (?) vestir, pero cuando se trata de instruir la mente y satisfacer la curiosidad, se requiere algo más de trabajo. Sin embargo, ese trabajo suele ser gratificante per se, así que el curioso de verdad siempre encontrará lo que busca. En nuestro caso, hemos decidido ser nosotros la satisfacción de la curiosidad --- e, idealmente, el motor de todavía más.

He aquí una de las razones que nos han hecho abrir este espacio divulgativo (esperamos). Y he aquí que, como mínino, debes saber a quién estás leyendo, por lo que escribo esta entrada con el fin de presentarme.
Mi nombre es Javier (hace tiempo que dejé de usar sobrenombres por defecto, y nunca usé esos típicos "Juanito Dark" o "Belial Satanás del Averno Pérez"), y estudio diversas cosas, partiendo por ingeniería, física e (intento) música. Soy parte de la generación Y, aunque eso da un rango muy amplio de edades ;P

Mi cara. Y un café especialidad de la cafetería en Reñaca donde estaba.

Entré a la cultura a través de la curiosidad. La primera noción que me llegó fue que el gótico es arte. Luego, descubrí que ese concepto, con toda su grandeza, no abarca todo lo que es, por lo que la idea de la fusión entre arte y cultura es la que ha guiado mi paso y desarrollo a través de este mundo. He sido seducido por varias artes (escribo, durante un tiempo intenté dibujar --- sin mucho éxito --- , me gusta pensar que compongo y mantengo un blog con porquerías varias) y la ciencia siempre fue mi amante, hasta que terminó por conquistarme la Física. Es una labor sacrificada el repartirse entre dos amantes tan exigentes como lo son la Física y la Música.

Como ente sintiente y, digamos que, pensante, creo caracterizarme por mis opiniones que todo el mundo odia, debido a que es más sencillo odiarme por insultarlos que pensar en lo que les he dicho. Si no fuera por mi natural, llamémosle timidez, aunque es más correcto usar el concepto "instinto de autoconservación", sería mucho más afilado para decir las cosas, creo. La mayor parte de mis opiniones podría decirse que vienen de que soy un misántropo que tiene la esperanza de que la humanidad mejore en su tiempo de vida. Casi he perdido la esperanza, eso sí, y espero que este blog me muestre que todavía la puedo conservar.

No quiero aburrir con peroratas respecto de un ente del que nunca antes habían escuchado y que posiblemente no les interese, así que terminaré diciendo que si alguna persona se siente ofendida por lo que he dicho, que no se preocupe: no ha sido mi intención ofenderla. Salvo que la conociera, en cuyo caso, sí era mi intención (?).

En este blog pueden encontrar mis escritos y mis trabajos "artísticos", para el intrigado.

Javier.

sábado, 5 de enero de 2013

De góticos y la (sub)Cultura: Perspectiva Personal

La pregunta natural es ¿qué es ser gótico? Sin embargo, esa pregunta creo que carece de una respuesta clara. ¿Qué es ser persona? ¿Basta la condición de humano? Probablemente sea más sencillo responder qué no es persona. Aunque hay que tener presente el detalle de que “persona“ depende del contexto en que estemos hablando. De este modo, la respuesta que un periodista de espectáculos daría a la primera pregunta puede no tener sentido si se la coloca en un contexto histórico. Por esta razón, es necesario definir el marco donde podemos responder a la pregunta y luego, responder la pregunta más sencilla ¿qué no es ser gótico?, que luego nos puede conducir a una suerte de respuesta suficientemente satisfactoria.

La primera aclaración es que el término tiene una connotación histórica en la figura de los godos, pueblo bárbaro germano que se abrió paso en Roma en el siglo V d.C. y se dividió entre los ostrogodos, que se asentaran en Europa Oriental y los visigodos, que se asentaron en la Península Ibérica (los últimos fueron los que finalmente saquearon Roma, el 410 d.C). Luego, durante el renacimiento, el término fue acuñado para referirse a cierto tipo de arte (principalmente arquitectura) muy popular durante la baja Edad Media. Debe hacerse notar que el uso del concepto en este caso era peyorativo y tenía el sentido de "bárbaro". Fue dado por los renacentistas debido a que ellos se consideraban "civilizados", frente a lo bárbaros que eran los oscurantistas. El concepto comenzó a adquirir el ribete que nos convoca en el romanticismo, con la novela gótica, género literario orientado al terror (caracterizado, entre otras cosas, por sus paisajes ambientados en bosques tenebrosos, cementerios, catedrales góticas y castillos de antaño). Con respecto a la pregunta original, debemos ponernos en el contexto de finales del siglo XX y ahora, principios del XXI.

Todo comenzó como una "subcultura" derivada del inconformismo punk de los 70 y el giro que dio éste hacia la cultura de masas --- convirtiendo su ideal contestatario en una moda, en lugar de un concepto, una idea sobre la que construir algo. Esta historia, sobre la que hablaremos en su momento, nos lleva a la visión que adquirí yo del movimiento.

¿Qué es y no es ser gótico?

La segunda parte de la pregunta que puede guiarnos hacia la respuesta a la primera parte, que es lo que buscamos originalmente.

Ser gótico no significa ser satánico ni ser malvado, como las viejas chismosas (y algunos padres "preocupados" de que sus hijos no se correspondan con el status quo ni con su propia idea de cómo deben ser las personas) quieren creer. No significa creerse vampiro ni hombre lobo ni demonio o ser mitológico de ningún tipo ni adorar a la muerte, queriendo abrazarla en cualquier momento --- conozco más gente "normal" con ideas suicidas que góticos. Ser gótico no es bajo ninguna circunstancia alguien loco, inmaduro o con complejo homicida que podría hacerle daño a cualquiera sólo por mirarlo feo. Ser gótico no es ni de cerca ser depresivo, idea tan arraigada en el imaginario colectivo que es casi imposible separarla de la idea original.

El gótico va más allá de eso, pasando por todo y por nada de ello. Si bien la oscuridad es la primera fuente de inspiración para nosotros, ¿no hemos de preguntarnos, dónde tiene sentido apuntar la luz? No hay beneficio alguno en iluminar lo que ya está a la luz --- los que no ven lo que ésta ya alumbra, no lo verán ni aunque se los estén apuntando con el dedo y magnificándolo con una lupa ---, mas lo que hay por descubrir está velado por la oscuridad. Todos los humanos somos seres divididos entre la oscuridad y la luz, ¿por qué hemos de negar alguno de los dos lados, cuando ambos nos hacen aprender, crecer, vivir?

Ser gótico tiene que ver con sentirse gótico, es algo que viene, en principio, del alma y luego viaja a la cabeza, donde se racionaliza o se conceptualiza. Y debido a que no hay dos personas iguales ni dos corazones que sientan igual, esta racionalización se ha convertido en algo tan amplio y genérico que es imposible encontrar dos góticos iguales. En principio, se pudo dar los lineamientos de una ideología, pero ¿quién le puede decir a otro qué cosa pensar, quién puede forzar a otro qué sentír?

Todos nosotros partimos por la base de la fascinación por la oscuridad, el amor por las cosas ocultas a la luz, la aceptación de la muerte como natural y, por ende, parte de la vida misma, sin embargo, en la oscuridad hay más de lo que se ve a la luz. En la oscuridad se descubren cosas, tanto si se alumbra, como si se aprende a ver sin ojos. En la oscuridad se puede escuchar, se puede oler, se puede palpar. En la oscuridad se puede odiar, se puede amar, se puede aprender.

Si hay algo que compartimos --- o solíamos hacerlo, cuando menos, hasta hace un par de años ---, además de los gustos por las cosas oscuras (en toda la amplitud del término), era el gusto por crecer constantemente, por instruirnos, por formarnos, por leer constantemente, por escuchar cosas nuevas. Las prendas son un accesorio, así como el maquillaje en el rostro de una mujer realza su belleza, nuestro vestir realza nuestra naturaleza, pero, al igual que el maquillaje, son siempre opcionales. Los gustos también son un accesorio, para efectos prácticos. ¿Por qué no ha una persona disfrutar de la música de artistas de gusto masivo, si es lo que le agrada? No hay porqué centrarse. A veces, es la misma sociedad la que busca encasillarnos, más que nosotros centrarnos en una sola línea.

En resumen, se puede decir que si bien estereotipos hay siempre, no son la norma. Un gótico suele no hacerse, sino que nacer. Con esto quiero decir, por ejemplo, que por más que un niño sea criado en la mejor moral, nada le impedirá, si así lo designa su naturaleza, volverse un criminal peligroso. Uno puede adentrarse en la cultura sin saber necesariamente que tiene nombre y representantes icónicos, así como puede ser criado en ella sin sentirse jamás parte de la misma. Conozco gente a la que le ha fascinado la cultura, pero nunca se ha sentido parte de ella ni se sentiría cómoda en ella.

Para finalizar, quisiera comentar que esta columna ha sido patrocinada primeramente por las Sonatas para violín y piano de Ludwig van Beethoven, interpretadas por Agustin Dumay al violín y Maria Joao Pires al piano y por el disco Happiness in Darkness, de Gothminister.

¿Tienes una visión particular respecto del gótico y la cultura ídem?

viernes, 4 de enero de 2013

¿Qué es el gótico?



La dimensión de esta pregunta, así como la forma de plantearla, es algo relativamente común en todos los foros, sitios de conversación de índole o incluso en las búsquedas de Youtube respecto al tema. La duda sobre la identidad del gótico es algo que trasciende, algo que permanece allí como un susurro por más que nuestra certeza nos permita una definición; y es que muchas veces –por no decir todas- esta concepción de lo que ha sido llamado cultura, sub-cultura, moda o, desgraciadamente en este último tiempo, tribu urbana es diferente entre todos nosotros, al punto de que para lo que algunos es un movimiento antiguo, de esos con ideología y sentimiento de identidad, para otros es un mero estilo estético que no trasciende más allá del encaje, el látex, el EBM y el color negro.
Ante tanta divergencia de aseveraciones del gótico, cosa que puede vislumbrarse en los diferentes géneros musicales que quedan circunscritos dentro de esta tendencia, es que nace el deseo que inspira a este artículo. ¿Cómo es posible que tal abanico de expresiones sea agrupada bajo el tronco común de un nombre? ¿Existiría un grado de “goticidad” de las sub-tendencias que permita forjar un nivel de estratificación? La verdad es que resulta iluso y sectario pensar que la respuesta se oculte en el número de remaches de las prendas o la cantidad de instrumentos musicales empleados por cada banda. Usar la clase de pensamientos de “esta estética es más/menos gótica que la otra” es una negación a todo tipo de razonamiento y diálogo, haciéndonos caer en un pseudo-fundamentalismo que perjudica al movimiento gótico en estos tiempos donde la gente ya ni siquiera se agrupa para conversar dado que prefiere hacerlo desde su smartphone.

A mi juicio personal, que soy alguien que se define como un “gótico en retiro”, debo señalar con toda confianza que no sé lo que es el gótico. Sin embargo, la duda nunca ha sido relevante, pues en mis años bajo el oscuro alero de su diversidad me he dado cuenta que aquélla es su virtud: la libertad de sus bordes, un verdadero resquicio interno y externo donde todo hombre o mujer puede hallar su espacio expresivo, por más introvertido o extrovertido que sea. Pero este precepto –el que muchas personas distintas convivan bajo el mismo cobijo de una tendencia- sólo puede entenderse si se reconoce que debe existir un factor en común entre todas ellas, ese punto de convergencia en lo que en apariencia es centrífugo, la hermosa realidad existente en un movimiento de aparente dispersión. La belleza del gótico –y la base de su “identidad”- yace en que es una tendencia que viene de lo más profundo, en que es una declaración interna, un llamado, un amor hacia la oscuridad (que no debe asociarse con el mal necesariamente). Una sensación de plenitud hallada en aquello que muchas veces es despreciado pero que, sin lugar a dudas, es una parte que habita en nosotros mismos.
El gótico siente que es gótico, y de ahí la esencia de su identidad. La moda es algo que complementa esa idea, por lo que se puede potenciar la misma sin nunca llegar esta a prevalecer por sobre esos pensamientos o sentimientos, dado quecon eso se obtiene lo que tanto se observa el día de hoy: meras carcasas que siguen lo primero que consideran atractivo. Ante ello existe un problema enorme que es anteponer el complemento a la esencia, aparentar más que ser y manifestar más que reflexionar. Como tendencia nacida desde lo más interno de uno mismo (con ello puede entenderse lo que prevalezca en cada uno de nosotros: la razón, el corazón o el espíritu) o de quienes nos hayan introducido en el tema, este movimiento se caracteriza por ser de un carácter reflexivo, de una tendencia más introspectiva, que busca continuamente instruirse y comprender esta naturaleza oscura que tanta fascinación produce. Grandiosa es la gracia de un gótico al comprender que este sentimiento, ese mismo que bulle en su interior, ha sido la inspiración de grandes personajes de las Bellas Artes cuyos ejemplos podrían colmar estas letras y que, sin lugar a dudas, iremos ejemplificando a medida que este blog vaya en crecimiento.

Nuevamente dentro de las perspectivas personales, y en principal preocupación y desconcierto ante el gran déficit de concepciones personales que hoy existe, es que debo quizás mencionar que bajo la iniciativa de mi buen amigo Javier, quien se ha atrevido a despertar a esta vieja sombra para enrolarme en esta Escuela de la Penumbra con el objeto de volver al movimiento gótico para aportar un tanto en revertir esta tendencia funesta que es el verse como tal pero no ser tal. Todos los que realmente nos hemos sentido góticos por gran parte de nuestras vidas sabemos que es mucho más que moda, depresión, sensación de vacío interno y todos esos términos que siempre utilizan las personas ante sucesos que escapan a su control, percepción o –en la mayoría de los casos- entendimiento. Para todos ellos, y para los que sois nuevos en esto, en el gótico por supuesto que existe la dicha; es más, la vida de un gótico puede ser bastante “normal” dentro de los cánones socialmente aceptables, con la sola excepción de que esta persona ve mucho más que la forma en una noche estrellada. El gótico asume que en ese negro fulgor que posee dentro de sí existe un profundo respeto hacia aquellos procesos que normalmente son mancillados, una reservada devoción hacia los sistemas que la Naturaleza misma utiliza para inclinar la balanza de la creación. No es depresión ni masoquismo, es reconocer el valor que tienen los momentos de crisis, tristeza, frustración y angustia en la creación artística, científica y social, y en la influencia que esta tiene en el crecimiento personal cuando se sabe aprender de ellos. El gótico tampoco es una veneración a la muerte, sino el valorar el rol de ésta en el mismísimo sustento de la vida. Obviamente que a los ejemplos anteriormente expuestos hay que excluir todas aquellas expresiones que sean fruto de la maldad u otras conductas viles, donde esta apreciación contemplativa de lo oscuro pasa al punto inadmisible de querer convertirse en un artífice de esos procesos que, en situaciones normales, deberían ser por obra de la mismísima Naturaleza.
  

Finalmente, y en forma de resumen, considero que este movimiento busca reivindicar la posición de valor que tienen ciertos procesos considerados “oscuros” o “nefastos” en el entorno que nos rodea y en el que tenemos dentro de nosotros mismos; que normalmente la penumbra es parte de la luz, y que muchos de nosotros actuamos, sentimos, pensamos y creamos en torno a aquella negra luz sin olvidar, por cierto, que también hay todo un mundo fuera de la caverna y que, por muy oscuros que seamos, el fin último es la contemplación y la búsqueda de la virtud.
M.R.J.-